Barrios con Historia

miércoles, abril 30, 2008


El Dos de Mayo de 1808, Madrid se despertaba furiosa. La salida a empellones del infante Francisco de Paula del Palacio Real, a quien querían alejar de la capital española, fue la chispa que encendió la mecha. Una mecha que venía caliente por meses de ocupación francesa; las tropas del mariscal Murat, con el beneplácito de Godoy, se habían desplegado a placer por toda la península. Y ahora habían tomado Madrid, toda esa soldadesca bonapartista, el mejor ejército del mundo, que aunque trajeran bajo el brazo la carretera y la manta para nuestra zafia monarquía, no dejaban de ser invasores.

Una figura interesante de los acontecimientos del 2 de Mayo madrileño, no tan conocida como otras, es la de Manuela Malasaña. Manuela era una chiquilla de apenas 17 años que trabajaba en la calle San Andrés como bordadora. Desafortunadamente fue una de los 409 fallecidos entre ese día y la jornada de los fusilamientos, el 3 de Mayo. Existen dos versiones sobre su muerte. La primera nos cuenta que Malasaña murió en el Parque de artillería de Monteleón, junto a Daoiz y Velarde -de los pocos militares sublevados aquel día-, defendiendo el cuartel contra los franceses. La otra versión, más creíble a mi juicio, habla de que Manuela, de camino a su casa, tuvo la mala fortuna de cruzarse con una patrulla francesa. Al parecer, los soldados galos quisieron forzarla y ella se resistió. Finalmente, alegando que iba armada -llevaba las tijeras que usaba en su taller- la mataron sin piedad. En su honor, existe hoy día el famoso Barrio de Malasaña en Madrid, así como una calle y una línea de metro en Móstoles. Con toda probabilidad, Manuela Malasaña fue otro de los mártires -exagerados- de los que se valió la leyenda de la Guerra de Independencia para enardecer sentimientos y ensanchar mitos.

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