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lunes, diciembre 24, 2007


Ando observador en estas fechas, o al menos lo intento. El comportamiento de nosotros los mortales cambia tempestivamente y la época navideña es buena prueba de ello. Definitivamente el Suchard nos transtorna el seso.

Pero tengo que decir que estoy un poco mosqueadillo. Las cosas van al revés de cómo deberían ir, todo está cabeza abajo y camina hacia detrás, como un buho con gafas de sol. Observo atónito como las tiendas estampan un Felicidades en bolsas, rótulos y demás parafernalia promocional. Me veo empujado a mascullar felicitaciones al salir en peluquerías, comercios y encuentros veciniles por tal de no ser maleducado, como si fuera lo mismo que dar los buenos días o las gracias. Y he aquí la confusión. A las personas habría que darles el pésame, nada de congratulaciones. Por favor, borren el Felicidades de las bolsas y pongan mejor: "Lo siento tío, 50 euros en langostinos"; o mejor: "sesenta en ropa, treinta en la cena y cien en regalos, pero cenar con tu suegra no tiene precio" Sean coherentes con la realidad del ser humano navideño y su cartera. Es cómo cuando un colega suspende un examen o cómo cuando a alguien no demasiado cercano se le muere alguien, el primo, la abuela o algo así. Hay que desempolvar el arsenal de frases reconfortantes propias de funeral. Cuando salgan de la pescadería tendrán que decir: "Pepe, para lo que quieras ya sabes donde estoy. Siempre nos quedará la cartilla del niño" Las palmaditas en el hombro también son importantes. Y cuando vean a alquien salir del Carrefour con el barco de Playmobil en un hombro y la casa de la Barbie en el otro, digan al de al lado: "Si es que no somos nadie". Para terminar de cerrar el círculo, cuando vayan al Corte Inglés a por la equipación del Madrid o el disco de Chenoa, en lugar de decir "gracias, felices fiestas", mejor digan: "Felicidades a mí no, Felicidades a vosotros"

Que los reyes se porten.

Un saludo, Consigliere.

La Columna de Consigliere IX

lunes, julio 30, 2007

"¡Trata de arrancarlo, Carlos, trata de arrancarlo!"





Veintinueve de Julio, seis de la tarde. Los Campos Elíseos contemplan al quinto español ataviado con la casaca amarilla de campeón del Tour de Francia. El Arco del Triunfo, que dos siglos atrás edificarían los gabachos como símbolo de orgullo para conmemorar las conquistas de un tal Bonaparte, inigualable telón de fondo, excelso escenario, insuperable bautismo para un debutante, rubricaría la victoria de un deslumbrante ciclista que con todo merecimiento levantaba radiante el león y el ramo, y después la copa. Con un himno español que dejó bastante que desear y todos los franceses torciendo el gesto (recuerden, desde el gran Hinault en el 85 no han rascado bola; recuerden, Rassmussen echado a última hora), además de una impertinente lluvia algo inoportuna, pareciera un recibimiento algo tibio, casi agridulce. Claro que a Alberto Contador nada de esto le borraría la sonrisa de niño que lucía indeleble. Que quede bien claro: estamos hablando de una gesta deportiva.

Apostillo esto porque me parece que los últimos y cada vez más frecuentes éxitos deportivos nos están mal acostumbrando. A raíz de esto suceden dos cosas: que la costumbre hace la apatía, y ya no nos parece tan meritorio ni admirable lo conseguido; y que cuando te empiezan a dar cucharadas de caviar, la mortadela no la quieres ni ver, y no toleramos segundos puestos y nos entregamos al seductor deporte español por antonomasia: el critiqueo. Fernando Alonso en Fórmula 1, Rafael Nadal en tenis, nuestros chicos de oro del basket, etc. El deporte español ha alcanzado en los últimos tiempos unas cotas hasta hace poco impensables, poniendo banderillas en modalidades hasta ahora quiméricas. Pero todo esto no ha de alejarnos de la realidad: que un ciclista se alce con el amarillo en su primera participación y con veinticuatro años (sepan los no versados que la época madura de un ciclista se sitúa al menos a partir de los 26) es cuanto menos para descubrirse. Y que es español, coño.

Me encanta el ciclismo y el deporte, pero este post no tiene intención de ser una crónica (propiamente dicha), sino una pequeña reivindicación. Quiero romper una lanza por todos aquellos jóvenes que se deciden por practicar deporte, ya sea de forma profesional o simplemente por hobbie. Por los que se van los viernes a la cancha balón en mano en vez de drogarse hasta los ojos, por los que dicen no al coche y se cogen la bici, por los que sacrifican mucho de su tiempo con duros entrenos por un sueño, por todos aquellos que disfrutan echando una pachanga de lo que sea con los colegas, en vez de andar intimidando, pegándole a la gente y rompiendo y quemando cosas. Por que la juvenud, aunque a muchos medios les cueste asumirlo (o más bien manifestarlo), es mucho más que ir de botellona, el puñetero móvil o el "mola". Que también es posible llevar una vida sana y en paz con los demás, sin que tus principales preocupaciones sean buscarte un trabajo (generalmente de mierda) o comprarte un coche para tener más standing.

Los beneficios del deporte, tanto físicos como psicológicos, son innumerables así que, ¿por qué no apostar al cien por cien por él? Es un mensaje para la gente de a pie pero también para las instituciones, que en la mayoría de casos no destinan el suficiente presupuesto para instalaciones, programas de formación y demás ayudas y medios. ¿Por qué no ir fuerte con él, por que son otras las preocupaciones y preferencias, por qué esas medias tintas? ¿Por qué tantas obras de casas y tan pocos polideportivos? Que cada uno busque su propia respuesta, creo que mi opinión ha quedado bastante clara.

Y por cierto, si eres de los que van al gimnasio, es por imagen y no por salud o por deporte, que no cuela.


Saluditos!
"Yo es que necesito el deporte para desconectar de tanto curro sabes?"

La Columna de Consigliere VIII

jueves, julio 19, 2007

"Luke, yo soy tu padre..."



Ah, la familia. Término que quedaría imbuido de un significado especial, ensanchado, a manos del escritor Mario Puzo. La Familia. Son lazos de sangre pero, ¿se traducen siempre éstos en relaciones estrechas, cariñosas, especiales? ¿Empuja forzosamente a vínculos entre personas de alto grado de confianza, de estima, de sinceridad y respeto? Pues no tiene por qué, se me antoja la respuesta más equilibrada. Desde luego no es una condición sine qua non . Pero ayuda, claro que ayuda; yo creo que es una cuestión de roce.

Observo oportuno hacer una pequeña distinción. No son equiparables las relaciones que se dan en una familia nuclear que en una familia extendida. O dicho de otra manera: es diferente la relación que se tiene con la familia nuclear que con la familia extendida, más externa. Los vínculos que se establecen en el primer caso, en una familia pequeña, compuesta básicamente de unos padres (del sexo que sean) y unos hijos, son altamente estrechas y personales, intensas por así decirlo. Esto es simplemente producto de una convivencia diaria durante muchos años, que obliga a confluir los hábitos de las personas y las interacciones entre los miembros. Es lo que dijimos antes: el roce. Por tanto, podemos decir que las relaciones despersonalizadas o faltas de un alto componente emocional son casos muy aislados en un círculo tan estrecho como es el de la familia nuclear. Sin embargo, cuando entran en juego familiares más lejanos de nuestro día a día está claro que los vínculos son más pobres. Son muchos miembros, están en muchos casos diseminados por diferentes ciudades o incluso países y, por todo esto, los vemos poco. Y claro, a mí que me dejen de chorradas, es imposible cojerle cariño a una mujer (que según unos papeles) es la hermana de tu madre y viene a tu casa el Día de Nochebuena y basta. Es que es tu tía. Y qué quieres, le tengo más cariño al conductor del autobús que me baja todos los días a Sevilla.

Nuestro micro-estudio podríamos concluirlo diciendo que, en mi opinión, las personas somos capaces de cogerle cariño a cualquiera. Sea quien sea, si se dan las circustancias adecuadas esos sentimientos no hacen ningún tipo de distinción. Y que por supuesto, los genes no determinan a la fuerza. Que sí, Don Vito, que la familia es la familia, pero yo casi prefiero ponerle tal cartelito a la gente que me suena los mocos y me limpia el culo desde que me levanto hasta que me acuesto.

¿Por qué cuento todo esto? Bueno, hace un par de días vinieron mi tía y mis primos chicos para quedarse aquí una semana o así. Particularmente la idea no me hizo mucha gracia, ya saben, todo aquello del roce y esas cosas. Pero el semblante de Gareth y Consigliere cambió de súbito cuando nos enteramos de un pequeño detalle: ¡¡¡¡¡¡SE HABÍAN TRAÍO LA WII!!!!!!!!

Saludos consoleros (y familiares),

Consigliere

La Columna de Consigliere VII

domingo, julio 15, 2007


A las buenas tardes.

El verano, como cualquier estación del año, reúne grandes clásicos de nuestras vidas. En concreto, y para mí, el mes de Julio nos trae principalmente dos: los San Fermines y el Tour de Francia. Aunque no lo parezca están relacionados, luego explicaré por qué. Hoy no voy a hablar de la fiesta navarra de toros y encierros, hoy voy a hablar de ciclismo. Ese gran incomprendido...

Mi amor por el ciclismo tiene dos puntos de origen. Por un lado, todo el que me conoce bien sabe de buena tinta mi pasión por el deporte en general. Más de una vez me he llevado una mala cara por faltar a alguna quedada, llamémoslo así, por culpa de tal o cual evento deportivo. Mi filia deportiva es extensible a un gran número de modalidades, si bien tengo mis favoritos y también los que no me gustan. Soy un reconocido culé, poco a poco me estoy volviendo un fanático del baloncesto (trasnoches incluidos) y tampoco me pierdo grandes eventos como un Roland Garros, Campeonatos de Atletimo, Grandes Premios de Motociclimos y Fórmula Uno, Olimpiadas, etc. De entre los que no me gustan, podemos nombrar el hockey, la gimnasia, la esgrima, la hípica...

La segunda razón es una vocación por este deporte por vía paterna, gran seguidor del deporte de la bicicleta. Guardo cientos de recuerdos infantiles relacionados con el ciclismo, como revistas, maillots, bicicletas, sobremesas viéndolo por la tele (no me enteraba de mucho, pero ya me fascinaba), el vídeo con el REC llenando cintas y cintas con filia coleccionista, o incluso esa radio pegada a la oreja casi disimulando, acaso para que nadie te llamara raro, en esos días de playa de los que no te podías librar. O esos días en los que decías: "No mamá, hoy no voy que hay una buena etapa. Me quedo viéndola", cuando ya eras lo suficienteme mayor para que te dejaran hacer tal cosa. O aquel día en que mi padre me llevó a su oficina, aquel lugar que todo hijo quiere conocer y cuando llega se lo encuentra totalmente diferente a como lo había imaginado, aquel lugar casi sagrado, el trabajo de un padre, donde encontré con sorpresa, en su despacho, dos fotos enmarcadas de gran tamaño de los dos ciclistas más grandes que España ha parido hasta hoy: Don Perico Delgado y Don Miguel Induráin. Siempre lamentaré no poder haber visto correr a ninguno de los dos...

El mes de Julio es tiempo para los amantes del ciclismo con la celebración de la más prestigiosa carrera de todo el año: el Tour de Francia. Es la segunda de tres carreras de tres semanas que se celebran durante la temporada, junto al Giro de Italia y la Vuelta a España. La 'Grande Voucle' reúne a los mejores corredores del plantel mundial y es la carrera para la que todos se preparan especialmente durante todo el curso ciclista. Ganarla supone catapultarse a la élite de este deporte automáticamente, es la más alta graduación a la que se puede aspirar. Trataré de explicar por qué defiendo este deporte, por qué lo creo muy minusvalorado.

Para mí, el principal punto fuerte del ciclismo es que es un deporte puro. ¿Por qué? Por que enfrenta al hombre con la carretera cara a cara, sin intermediarios, sin nada de por medio. Tan lejos como te lleven las piernas, dependes de ti y sólo de ti. Por eso digo que es un deporte puro. Si bien es un deporte de equipo (mucha gente esto ni lo sabe), lo cierto es que a fin de cuentas es eminentemente individual. Si un día no vas, por mucho y buen equipo que tengas no pueden dar pedales por ti. Haciendo una comparativa rápida, podemos comparar el ciclismo con otros deportes en mi opinión no tan deportes, por decirlo así.Uno de esos increíbles paisajes ciclistas...

La Fórmula Uno es un buen ejemplo. No tengo dudas de que si le dieran un Ferrari a los cinco peores pilotos del Mundial (por puntos) todos lograrían, como mínimo, algún podio. Por tanto, ¿cómo saber si Takuma Sato es mejor que Felipe Massa? Está bien, y si es mejor piloto y tiene mejores manos, ¿cuánto de mejores?. En definitiva, lo que quiero decir es que estos deportes están en cierto modo adulterados si queremos denominarlos como tales, pues todo no está en la mano del deportista. Lleno de variantes, de intangibles, todo algo borroso.

Jamás podré expresar con palabras suficientemente exactas lo que siento viendo ciclismo. Hablo de esas grandes etapas de montaña. Los ciclistas subiendo las escarpadas rampas del los Alpes o los Pirineos con esos increíbles paisajes, retorciéndose encima de la bicicleta, el maillot abierto, el rostro desencajado, las mareas humanas a un lado y otro casi cerrándoles el paso como si de un embudo se tratara, las motos y los coches de equipo sorteando toda esta cabalgata como buenamente pueden, el asfalto tatuado de nombres que son y que fueron...Para mí, esta es la épica del ciclismo, porque nada entorpece la contienda entre el deportista y el deporte, nada se antepone entre la bicicleta y la ruta. La carretera es el juez implacable que pone a cada uno donde le corresponde. Incontestable, ineludible.

Y dicho todo esto, pues lo de las etapas llanas es un mero añadido. Un tiempo de espera antes de lo bueno, un preámbulo. Entiendo perfectamente que etapas así aburran, yo soy el primero que me quedo dormido. Con permiso de puristas y sprinters, la salsa está en las etapas de sube y baja y en la contrarreloj. No puedo terminar este post sin mencionar el tema del dopaje. Es realmente triste que cosas así manchen el nombre de un deporte tan encomiable. Hay que saber que el dopaje es un problema también presente en la gran mayoría de deportes (cosa que se ignora sin querer o a sabiendas) y que, por supuesto, hay que cortarlo de raíz. Hay que censurarlo de todas todas y atacar duramente a señores como Eufemiano Fuentes, principal implicado en la Operación Puerto contra el dopaje, empapelado hasta el culo pero que sigue yendo por ahí dando conferencias en universidades sobre salud y deporte. Pero tampoco despreciar al ciclismo: yo ese deporte no lo veo, que van todos drogados. Así no se ayuda.

Siento mucho no haber podido ilustrar debidamente mis palabras con fotos suficientemente buenas. Para los que quieran saber realmente de lo que hablo, tienen una gran oportunidad estos días siguiendo el Tour por la tele. Mañana y el Martes hay dos grandes etapas que a buen seguro podrán dar buena muestra de lo que he intentado contar en este post. Y después vendrán los Pirineos. Se lo recomiendo a los creyentes y también a los escépticos. Que no todo es fútbol, pardiez.

Por cierto, Miguel Induráin es navarro; el Tour ha pasado algunas veces por Navarra (este año, sin ir más lejos, lo hará) ;y el día que presentan los equipos en la ciudad donde toma salida la carrera, el antiguo equipo Banesto (ahora Caisse d'Espargne), conjunto donde militó toda su carrera el pentacampeón español del Tour, hace llevar a todos sus componentes el pañuelo rojo de los San Fermines. ¿Ven como sí están relacionados?

Saludos desde el horno de España,

Consigliere.

La Columna de Consigliere VI

domingo, julio 08, 2007


Vale, muy bien, otra!



What's up hommies? En medio de este verano descorazonado sin vaquillas, patatas calientes y el Maestro Leiva (tampoco bolos), aquí me hallo decidido a darle cañita a esto. ¿Vas a hablar del mineralismo, del vacío existencial, del IPC intersectorial en la CONCACAF? Nooooop. Hoy me he propuesto no ser demasiado prosaico.

Vamos a empezar esto lanzando una pregunta: ¿cuál es la última película que habéis visto? No importa si en el cine, en el salón de tu casa o en el ordenador vía Emule. Todos coincidiremos en que las películas son una gran forma de entretenimiento, de arte diría, si bien una gran mayoría del pública sólo busca en ellas una experiencia de pura distracción y divertimento. Es lógico, se busca desconectar de todo y pasarlo bien. No obstante, como digo, la creación de largometrajes supone sin lugar a dudas un soporte artístico de enormes posibilidades a explotar y que ofrece un abanico de posibilidades inagotable.

Digo esto, aparte de porque queda muy bonito y es muy bonito, porque actualmente asistimos a un período en la industria de manifiesta y preocupante falta de creatividad, en donde las fórmulas se repiten hasta la saciedad, la producción se serializa y las formas y fórmulas se estandarizan hasta límites vergonzosamente descarados. Puedo ejemplificar esto con dos ejemplillos: las películas de miedo, las hollywoodienses, de estructura bien conocida (que si una casa, una rubia que está buena, es muy tonta y muere la primera, una fobia inexplicable a enceder luces..); y las películas de superhéroes, la factoría Marvel, que con presupuestos más que holgados (lo cual lo hace más grave) crean productos más efectistas que efectivos, profundamente anclados en las formas de discurso clásicas del bien y el mal, salvar al mundo, un pizca de humor barato, una romance sencillito entre protas, etc...En resumen, se arriesga muy poco y se innova menos.

Después están los cines. En la década de los años 70 aproximadamente, las salas de cine empiezan a "mudarse" desde los centros urbanos hasta el extrarradio, para colocarlas asociadas a los incipientes centros comerciales. Eran lugares de consumo familiar, donde se reunían diversas superficies, entre ellas el cine. Así pues, estos centros comerciales empieza a ganarle terreno al clásico cine de barrio o ciudad. Pues bien, desde aquí quiero reivindicar este tipo de cines, además de porque aquí en Sevilla los tenemos muy buenos: el Cine Alameda, el Cervantes, el Avenida 5 cines, etc. ¿No huelen mucho mejor que el Nervión Plaza o los Arcos? ¿No son mucho más románticos, más cómodos, más confortables? ¿No se piensa y reflexiona mucho mejor en ellos, no se ven mejor las películas? Lo peor es que una buena película proyectada en un cine de estos masificados a los que me refiero (por ejemplo, mi amado Mega Ocio, que tan cerca me pilla) en cierto modo se desvirtúa: las salas se ponen a reventar (aunque esto es un aliciente en grandes estrenos tipo Star Wars), circulan por allí toda la fauna niñata, el ambiente es ruidoso y estrafalariamente luminoso...No sé, en definitiva, y por lo menos yo, en sitios así me siento muy incómodo. No es un ambiente propicio para ver una película con los cinco sentidos, no se presta a una reflexión, a un debate, a una comparativa...En definitiva, los dos tipo de cines (que por cierto, los de barrio van camino de desaparecer) plantean la antítesis archiconocida de Arte VS Consumo.

Para terminar ya, quiero dejar aquí el nombre de tres películas que he visto este año y me han dejado profunda huella. Son tres recomendaciones personales de, a mi juicio, grandes largometrajes de obligado visionado.

3. El Buen Pastor (2006)

Vuelve Robert De Niro como director. Una película de estética apabullante, con una fotografía elegante y sobria que nos sumerge magistralmente en la acción. Una historia de espías, un thriller político pausado y muy cuidado que retrata con crudeza la sórdida maquinaria política de la Guerra Fría y que desmonta los infantiles estereotipos de los agentes secretos entre mujeres, coches y martinis. Una película que te asfixia poco a poco.

2. American Beauty (1999)

¿Qué puedo decir de esta película? Una radiografía social MAGISTRAL, un decálogo completo de las lacras de la sociedad americana aderezada con un humor ácido y subversivo, rabiosamente irreverente, una colección completa de lecciones vitales que todos deberíamos aplicarnos. Fundamental y obligatoria. Sencillamente genial.

1.El Apartamento (1960)

La joya de la corona. Una tragicomedia corrosivamente realista, que busca su correlato en los Estados Unidos de los años sesenta, la sociedad de las hileras e hileras de hombres y mujeres trabajando en oficinas. Una bofetada en toda regla a los vicios de un capitalismo casi mayor de edad, todo una denuncia de la hipocresía social tan recalcitrante que enmascara hasta al menos pensado. Y por supuesto: una historia de amor enternecedora, sencillamente compleja, cruda pero amable, realista al fin y al cabo. Gracias Billy, absolutamente maravillosa.



A mí el Apartamento me pareció un coñazo, lo de American Beauty lo dices porque le dieron un montón de Óscars, me encantan los centros comerciales, Catwoman es un peliculón, Estados Unidos es la meca del cine de terror....Comentad lo que queráis, pero comentad!

Saludos a 24 fotogramas por segundo,

Consigliere

La Columna de Consigliere V

viernes, julio 06, 2007

"Pretty Woman, walking down the street..."



¿Qué pasa nenes? Espero que vuestras menten sigan en estado sólido, aún resistentes a este sofocante calor. ¿Por qué la gente no saldrá a la calle con paraguas?

Aviso para navegantes: las rebajas han llegado a nuestras tiendas. Es una buena oportunidad para renovar el armario con cositas acordes a la estación, la oferta es bien amplia y variada. Si bien es cierto que los descuentos tampoco son sustanciales, sin duda para un buen número de prendas o productos la diferencia ya empieza a notarse. Y bueno, por pequeño que sea siempre se agradece comprar más barato. Pero, ¿qué son realmente las rebajas?

Mis conocimientos de economía, márketing y demás materia relacionada es más bien escaso, así que caminaré un poco de puntillas a la hora de analizar el tema. Retomemos: ¿qué son las rebajas? Podríamos definirlas como una reducción de precios cuyo objetivo es liberar stock. Es bien sabido popularmente que las rebajas son utilizadas por los comercios para "librarse" de todo aquello que no han podido vender en régimen normal de precios. Todo lo que no ha funcionado según las expectativas se relanza en época de rebajas con el nuevo impulso que supone un precio más barato. Así, se le da una segunda oportunidad al producto para que finalmente logre el nivel de ventas esperado (no tiene por qué venderse todo, los empresarios sólo marcarán tal nivel de venta para productos muy concretos de gran salida). Vale, entonces las rebajas consisten en poner otra vez a la venta lo mismo pero más barato.

No obstante, conviene introducir algunos añadidos. Primeramente imagino, sin conocer demasiado el tema, que las tiendas introducirán también productos nuevos en época de rebajas, si bien representarán un porcentaje menor de la oferta. Se me ocurren dos razones que explican esto. Primero, que la presencia de cositas nuevas sin duda dota de fuerza al conjunto total de lo que se vende, creando a veces la ilusión de que realmente se trata de una partida netamente nueva de productos. Muchas veces estos productos nuevos son el "motor" que empuja una oferta, como decimos, de escaso impacto si tenemos en cuenta que ya es conocida. Además, las fechas de rebajas (enero y julio, ¿había alguna más?) están colocadas estratégicamente en lo que a estacionalidad se refiere, de modo que introducen una nueva temporada con las consiguiente necesidades que generan. O sea, la necesidad de un bañador, por ejemplo, en agosto estará probablemente suplida, si bien la sentimos al inicio del período vacacional: julio. Los volúmenes de ventas son mayores en épocas de "entre-estación", o al inicio de las mismas.

También entra en juego la denominada elasticidad de la demanda. ¿Ezo qué e lo que e? Pues es el grado de susceptibilidad que tiene la demanda de variar si alteramos el precio. O sea, lo mucho o poco que varía la demanda si toqueteamos el precio de un producto. La elasticidad es un elemento de análisis que debe ser entendido de diferente manera según el producto del que estemos hablando. Los productos de primera necesidad, por ejemplo, serán adquiridos indiscriminadamente, de modo que su demanda no variará demasiado si aumentamos o disminuimos los precios. Sin embargo, bienes y servicios no tan necesarios se volverán más deseables si los ofertamos a un precio más atractivo, o serán menos demandados si los encarecemos. Si una viena de pan cuesta 25 céntimos y mañana sube hasta los 30 la gente lo seguirá comprando, incluso si su precio se duplicara hasta los 50. Verduras, leche, carne, agua, electricidad...La gente los necesita y la demanda apenas se resentirá si por diferentes motivos se encarecieran. Igualmente, si los vendiésemos más baratos apenas notaríamos aumentos importantes en las ventas. Pero el caso que nos ocupa es diferente. Los productos ofertados en las rebajas, como ropa, zapatos, etc, sí sufren alteraciones más notables si jugamos con su precio. Su demanda es elástica, ya que una bajada de precios procará una subida exponencial de la demanda, mientras que un ascenso de los mismos la mermaría. Así pues, las rebajas son una herramienta más que interesante a la hora de poner en venta este tipo de productos. Complementariamente, con la fórmula del denominadao Umbral de Rentabilidad sabremos cuánto debemos tocar para que sea rentable, es decir, a partir de qué punto bajar los precios nos hará salir ganando. En qué momento tendremos tantas ventas como para que nos compense abaratar precios.

Vaya ladrillo. Ya entrando en temas más sociológicos, las rebajas sacan a la palestra gran cantidad de temas controvertidos. ¿Compramos más de lo necesario, adquirimos más cosas de las que realmente nos hacen falta? Creo que coincidiremos en que una mayoría de la población incurre en este problema de consumismo. Me parece que está claro: ¿hace falta un bañador nuevo cada año? Pues no, pero nos gusta estrenar y lucir algo inédito. Es la cultura capitalista de occidente una cultura que se basa en lo fugaz, lo nuevo, lo sustituible, la cultura del quita y pon. La percepción histórica se hace difusa para dar peso al presente. Tienes que sorprenderlos cada día, no importa si ayer ya lo hiciste. Es una cultura muy efectista, es la cultura del escaparate Y bueno, se observa claramente que este principio de lo novedoso no es sino un engranaje más que trabaja en pos de la inercia consumista. ¿Quién no ha sentido la necesidad de ponerse algo nuevo para esa gran ocasión tan importante? ¿Cuánto duró la sensación de bienestar? ¿En qué momento dejaste de sentirte especial con eso nuevo que te compraste? ¿Cuándo volviste a sentir la necesidad de adquirir algo nuevo? Y en fin, vuelta a empezar. A seguir dándole vueltas a la rueda.

Perogrullada: la virtud está en el término medio. Vete a tus tiendas predilectas en rebajas y píllate cosillas que te hagan más o menos falta. Que si un pantalón corto, unos botines que estos ya están muy cascados, esa gorra está guapa y encima rebajada...Pero todo con moderación. Yo lo admito: soy el primero que en rebajas suelo aprovechar y hacerme con algo que me venga bien. No es algo malo me parece. Si quieres comprarte un bañador nuevo cada verano hazlo hombre, pero busca algo a buen precio y olvídate de estrenar también el resto de prendas. O yo que sé, si encuentras de todo y barato pues genial, gástate el dinero en las cosas que te hagan feliz. Pero bueno, nada de sangrar a mamá a cada mes para que todo el mundo se fije en ti el viernes por la noche. Y sobre todo, no permitas que te confeccionen la agenda desde los medios. Hay rebajas, pues habrá que ir. Si no hay ganas, si no te hace falta nada en concreto, si andas mal de dinero, pues no pasa nada, ya comprarás en otro momento. Ni se te ocurra sentirte mal por no haber comprado nada, ni se te ocurra sentirte en la obligación de aprovechar la irrechazable oportunidad que suponen las rebajas. Y sobre todo, ni se te ocurra que Matías Prats te saque corriendo pa entrar la primera...

Saludos desde la Cueva,

Consigliere

La Columna de Consigliere IV

sábado, junio 30, 2007

"El verano ya llegó, y la ¿fiesta? comenzó.."


¿Qué tal señores? El fin de los exámenes me da el respiro que el calor me niega, así que me dispongo a escribir una vez más bajo pabellón de la Penúltima. Uno de los miembros del Alto Mando, el señor Raven, se marcha de vacaciones este mes de Julio, el mes completo, por lo que el peso del blog recaerá en el otro administrador, Gareth. Para intentar paliar esta marcha, trataré de colaborar en todo lo que pueda para que la Penúltima siga gozando de la buena salud que ha demostrado durante sus ocho meses de andadura. Empeño mi palabra en que lo haré lo mejor que pueda.

Llegó el verano, con todo lo que eso conlleva. Personalmente, es una estación del año que no me gusta demasiado, la que menos diría. Soy consciente de que es una época amada por la mayoría, esperada durante todo el año con impaciencia, así que trataré de aportar mi visión sobre ella y mis opiniones al respecto para tratar de desmontar, sin ánimo de hacer tambalear la fe de ningún creyente, la visión tan positiva que otorgan propios y extraños a dicha estación. Voy a tratar de explicar por qué la detesto.

El atractivo número uno del verano es, me parece, la condición de festividad perpetua, en lo que a obligaciones laborales y académicas se refiere claro. Es época de vacaciones para el niño y para el oficinista, para maestros y para médicos. ¿A quién le gusta trabajar o ir a clase? Trabajamos para ganar dinero y poder vivir y vamos a clase para tener una formación profesional y, así, poder hacer lo primeramente mencionado, trabajar, esto es, vivir. El ciclo de la vida, que diría Mufasa. Está claro que ambas actividades no son plato de gusto para nadie, así que las vacaciones estivales se presentan como una época de merecido descanso muy esperada.
Nada de madrugones, ni de deberes. ¿Cómo no me iba a gustar? Vale, estamos de acuerdo.


En consecuencia directa a esta falta de obligaciones gozamos de mucho más tiempo libre. Eso supone poder hacer las cosas que nos gustan. A gusto del consumidor: ver la tele, hacer deporte, leer, escribir, componer, ir a la piscina o la playa, visitar ciudades o países, salir con los amigos, salir con los amigos a emborracharse, salir con los amigos a tirarse a tías borrachas, etc. Un muy largo etcétera. Creo que hasta aquí todo genial. Pero es en este punto, el del tiempo libre, donde surgen las primeras contraindicaciones para el empacho de verano que nos pegamos todos los años.

Es un razonamiento muy simple. Tenemos tiempo libre, así que lo llenamos con cosas que nos diviertan o nos hagan disfrutar. ¿Qué ocurre cuando el número de actividades que queremos hacer excede el tiempo libre disponible? Pues que no podemos hacerlas, tal como suele ocurrir durante el curso. Bien pero, ¿qué ocurre cuando es el tiempo el que supera CON CRECES nuestro número de actividades del ocio? Ajá, efectivamente, nos visita un tal Señor Aburrimiento, de la manita del Señor Tedio y de la señorita Desidia. Desafortunadamente, todas estas personas hacen horas extras en verano, así que la diversión y el disfrute se van a dormir con peligrosa frecuencia.
Entonces díganme, ¿dónde está el atractivo del verano?, ¿les resulta agradable dar vueltas por
una casa recalentada mirando a las paredes sin saber qué hacer durante horas? A mí personalmente no me reporta demasiado disfrute, qué quieren que les diga. Las vacaciones son para los que curran 40 horas a la semana 11 meses al año, que no ven el momento de pillarlas los pobres y aprovechan para descansar lo máximo que pueden. Para nosotros, los estudiantes, (creo que es lo predominante en la audiencia de este blog) el verano se antoja demasiado largo como para disfrutarlo a tope. Que levante la mano si hay alguien capaz de pasárselo bien durarante los 75 días que dura el verano sólo aburriéndose un poco. Yo, por ejemplo, disfruto INFINITAMENTE más un puente en Noviembre o Marzo, no sé ustedes. En definitiva, que un coñazo vamos.


A este problema de temporalidad hay que sumar otro también de gran peso. Este es cultural, y lo llamaremos "El Virus Chiringuito". Sí, estamos hablando de esa terrible intoxicación que sufre la sociedad a todos sus niveles cuando aprieta el calor, una sociedad que tampoco puede presumir de demasiado decoro ni clase durante los nueve meses restantes. La televisión sufre una pequeña metamorfosis que la empuja a ser más rancia y casposa ¿todavía?. Las series, casi lo mejor que nos dan, se van de vacaciones, los programas potables lo mismo. Y en los cinco segundos esos que bajo música medio chill out nos enseñan en plan sobremesa el logo de la cadena que estemos viendo, ahora ponen a una tia tirándose a una piscina. Sí, vale, en Otoño ponen una montón de hojas secas revueltas por el viento, pero la modalidad verano me deprime especialmente. El Virus Chiringuito lo salpica todo: programas musicales chungos en Benidorm o Málaga, Torneos de Fútbol aburridos a muerte, programas de zapping a punta pala, refritos de refritos y demás morralla que tan bien conocemos. ¿Y los informativos? ¿Te crees que no sé que en la playa hay medusas, idiota? Si quieres deprimirte a fondo en verano, pon a las tres el informativo de Antena 3 y vas a ver. ¿Y qué decir del cine o los videojuegos? Pocos lanzamientos y de dudosa calidad salvo muy contadas excepciones. Creo que después de todo lo que he dicho no hace falta que hable de la música. Prepárense: Envía Politono Micrófonos al 5454.

Coño, y encima nos quitan el Gran Prix..


Podría tirarme horas hablando de cosas odiosas del verano pero esto se está convirtiendo en un ladrillo y no un post. Termino con dos apuntes. El primero, y con respecto a lo del aburrimiento, sostengo que la felicidad es directamente proporcional a la cantidad de actividades que llevemos en nuestra vida, siempre que exista contenido lúdico en ellas. Cuantos más proyectos, más ocupados estaremos y menos pensaremos. Y cuanto menos pensemos, menos conscientes seremos de nuestras miserias. Por eso el aburrimiento deprime, porque acabas dándole vueltas a todo. Una frase que acuñé hace poco: "la felicidad está en la sinergia de los pequeños vicios" Y lo segundo. Es muy curioso observar cómo la mercadotecnia típicamente veraniega está también inundando a las demás épocas del año, de modo que han dejado de ser productos únicamente estivales. A saber: politonos, teletiendas, zappings, programas de madrugada de "llame y responda a nuestra pregunta, 6000 euros le esperan", recopilaciones... No es sino prueba de lo que nos temíamos: que la oferta mediática se estandariza cada vez más.

Estaré encantado de leer las opiniones de los que les guste el verano y que tengan cosillas que rebatir. A ver si así tomo nota y este año me lo paso un poco mejor.

Columna de Consigliere III: Sus y a ellos

domingo, junio 03, 2007

¿Que por qué me aburre la verdad?
Porque la mentira requiere ingenio.

Andy Warhol dijo una vez: "En el futuro todo el mundo será famoso durante quince minutos". Además de por magistralmente certera, me llama poderosamente la atención la frase por la capacidad de anticipación de quien la enunció, un hombre que habitó una época en la que el mercantilismo de los medios aún no había alcanzado su máxima eclosión. Es realmente meritorio, casi un arte reservado a un puñado de visionarios, saber interpretar los signos que se adhieren sutilmente al entramado simbólico y cultural que definen la sociedad, que en último término auguran la dirección hacia la que viran las cosas y su devenir. Porque todo está cambiando continuamente.

Hoy la frase no pasaría de ingeniosa. La sociedad de la información y el sistema de legitimación del arte y la cultura basado en la relación producto-consumo hacen de la fama algo perecedero y fugaz. El status social se torna en una frágil indumentaria con fecha de caducidad, casi un estado de ánimo. Las líneas editoriales, extrapolando el término a cualquier tipo de dirección y tendecencia de la producción cultural, se perfilan bastantes claras y sólo cambiantes a largo plazo, por lo que la cuestión reside en alternar la cabeza visible del producto para inocular la sensación de oferta no lineal. La fórmula se basa en ir cambiando la carnaza cuando ésta ya ha sido devorada por completo; el producto es perfectamente su
stituible. Y a hacer caja. Clang, clang. Así pues, la fama se transforma en poco más que un falso título que pasa de mano en mano, unas manos que, por cierto, no son las que deciden, ni mucho menos, cuando se les entrega y arranca esos dorados momentos en la farándula. Aun más falso que un billete de quince euros es un estatus que otorga, mientras dura, gran reconcimiento social y que es capaz de mutar a cualquier villano en héroe, o héroe en villano, o al menos le abre las puertas para exprimir su posición de privilegio.

Por eso es importante que vayamos contra ellos
. Porque el arte no es ninguna industria, pardiez, porque el arte es algo más que buitres de chaqueta y corbata, insípidas cifras de venta y patéticos posters de Super Pop. Porque el cine es algo más que una sucesión interminable de conversiones de Marvel, porque la música es mucho más que un puñado de efectos de voz que apestan a panchanga berbenera, porque los videojuegos son algo más que el Fifa 2009.


Está claro que la creatividad ya no importa una mierda, hace tiempo que la creación artesanal de arte se fue a pique. Por eso es importante que vayamos contra ellos. Primero contra los artistas de esta guisa, las putas de la industria, punta de lanza y carne de cañón de una mecanismo muchísimo más complejo y sórdido de lo que nunca imaginarán. No os bajéis los pantalones por un par de discos de los que no habéis escrito ni un puñetero verso. Pero sobre todo contra los de arriba, los que mueven los hilos, los que ponen, quitan, hacen y deshacen. Los que explotan y engañan, los animales de maletín, sonrisa y palmaditas en el hombro, los del talonario rápido, a los que encima ni se les ve ni se les conoce. En la sombra, que ya se mancharán las manos otros.

A los primeros les digo que si realmente creen que tienen talento no lo pongan al servicio de quienes lo adulteran. Que luchen y sepan decir no. Y a los segundos, que el narcótico del conformismo y la visión acrítica es un veneno no infalible, que los despiertos agitaremos a los dormidos hasta que abran los ojos. Y entonces sí que seremos fuertes.

La columna de Consigliere II

sábado, abril 28, 2007

Se pueden hacer las cosas de muchas maneras. Puedes conducir con exceso de velocidad, puedes meter a tus hijos en un colegio privado, puedes ir a misa los domingos o puedes poner a caldo a la política de derechas. Puedes hacer de tu vida lo que quieras, porque para eso eres perfectamente libre. Me da igual si vas al fútbol con tus amigos, si prefieres la ópera o si lo que te encanta es descargar porno a punta pala. Cada uno es dueño de sus actos y sólo tú eres el que decide. Pero por favor, sé coherente con lo que eliges y llévalo hasta el final. No consiste en coger de esto o de aquello según más convenga en el momento, movido por apetencias y sin respetar nada.
No te obligo a que votes, pero si después no te gusta que no se pueda fumar en la oficina te callas la boca. No seré yo quien critique que tengas una estampita del Cristo de no sé qué en el taxi, pero hombre, deja de cagarte en Dios a cada minuto y por cualquier cosa o no consientas que tu hijo vaya por ahí pegándole a la gente. Y si te dieron un golpe por detrás el otro día en la autovía, reclama al seguro, que para algo lo pagas, pero ni se te ocurra soltar pestes de lo mal que conduce la gente porque tú te pasas el límite de los 80 km/h por tu santas narices. No digo que no hagan nada malo, ni que no se columpien de vez en cuando, ni que no escupan sobre lo que no les guste. Lo que digo es que no hagan un hábito de divagar entre lo cómodo y lo consecuente.

“estoy hasta los huevos del traje este, a ver si viene ya mi tío el del Audi…”

Una última, la joya de la corona: ¿para qué vale bautizarse y hacer la comunión si después te vas a pasar la iglesia y la religión por el forro de los huevos?¿Por qué un 75% de nosotros se ha sometido a estos sacramentos cuando aprovechamos la mínima para criticar al colectivo religioso en general? Efectivamente, ¿por qué la comunión se hace en una edad en la que uno empieza a enterarse de algunas cosas pero sigue siendo perfectamente manejable? ¿A quién no le regalaron un reloj Casio de los gordos y un fajo de billetes metido en sobrecitos? Qué día tan feliz, mi primer encuentro con Dios. Estoy casi tan emocionado como cuando los reyes me trajeron la Nintendo 64. Y mi abuela tan contenta, con la foto 2x2 de su nieto vestido de marinerito. Amén.

Mamá, papá, gracias. Un saludo para todos.

La columna de Consigliere I

miércoles, marzo 14, 2007

Aqui os dejo el primer post de nuestro colaborador Consigliere:

No entiendo a la gente anchamente orgullosa de su ciudad. A lo mejor es porque a mí cada vez me gusta menos la mía, pero la cuestión es que veo injustificables a los exaltados que elevan lo suyo a la categoría de supremo.
Pensémoslo fríamente: ¿qué te ha dado Sevilla, por poner nuestro ejemplo, para que digas que es la ciudad más bonita del mundo, o la mejor de España, para que la defiendas a capa y espada? ¿Qué entrega Sevilla a alguien que se deja más de un argumento a viva voz para hacer valer su ciudad por encima de los demás? Lo mismo que a ti o a mí, bastante poco, sólo que algunos deciden enarbolarla como bandera hasta las últimas consecuencias. Pero vamos a ver, ¿hay algo más natural, más típico y primitivo, que sentir lo propio como magnífico sin conocer lo demás? Sin duda el etnocentrismo es el resorte emocional y cultural más paleto, si me permiten el epíteto, con que un hombre racional puede deleitarnos.
Soy el primero en disfrutar de las fiestas de la ciudad, las que me gustan, como la Semana Santa, pero unas cuanta costumbres más o menos bonitas (que tú pienses que la Macarena es preciosa no quita que un granjero de Ohio piense que es horrible) no pueden de ningún modo excusar esa desaforada reivindicación de la sevillanía que tanto observo con pasmo.

Manué, el cachorro no sale...

Seguro que han visto muchas veces, los que somos de aquí, al prototipo de sevillano o sevillanito, lo que nosotros llamamos “el Sevillano a Jierro”. Consiste básicamente en un hombre de entre 25 y 45 años preferentemente, ataviado con su intachable traje de chaqueta, sus sellos de oro en las manos, su cadena de 30.000 duros sobre el cuello (Virgen del Rocío, Sevilla F.C. o ambos), felizmente sentado con su pelo engominado con caracolillos detrás en las sillas de la Campana o en la caseta de El Monte. Hay más signos para identificarlo: suda como un cabrón, ama la cafetería San Buenaventura y le mola el rollo Mercedes. Por favor, si lo ven, sonríanle con desprecio, porque desprecio se merece quien da más importancia al manto de una virgen que a hablar con su hijo.

Sin duda Sevilla reúne tristemente muchos de los defectos que han lastrado por tantos décadas a nuestra España: fiesta, bravuconería, religión, hipocresía, forofismo, fanfarronería, violencia, etnocentrismo, intolerancia….Y un largo etcétera. Porque, le pese a quien le pese, somos el país del pan y circo.

[Consigliere]